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Drogas inteligentes Por
Juan Carlos Ruíz Franco
Reconozco que en algunos lugares de aquellos escritos fui algo radical y que me dejé llevar por las emociones para compensar y contrarrestar la influencia de la opinión pública y de los estamentos oficiales. No es momento ahora de corregir o moderar mis palabras, por lo que quedarán tal como fueron elaborados y la publicación que pronto presentaré será más tranquila a la vez que más rica en contenidos y mucho más extensa. Sé que puede resultar polémico hablar sobre este tipo de productos, aunque quizás la mayoría de las personas se escandalizan al oír sobre él debido a la utilización del término "droga", que es indudablemente feo. El hombre de la calle, término tantas veces utilizado para referirse a los no especialistas, lo asocia inmediatamente a delincuencia y marginalidad. Lo cierto es que la culpa no es suya, o al menos no toda. Los medios de comunicación no dejan de informarnos sobre delitos cometidos por personas que supuestamente consumen algún tipo de droga perjudicial, que es la que les impulsa a delinquir. Este es un tema ya demasiado tratado y del que podríamos hablar y discutir sin parar, así que me limitaré a señalar que posiblemente no sea la droga en sí la que crea el problema, sino el uso que se hace de ella, uso que viene condicionado por una multitud de factores, tales como la educación del sujeto, su entorno, la sociedad en la que vive, y, por qué no decirlo, las legislaciones de los estados, que son las que deciden si una sustancia debe ser considerada maligna o benigna. Me gustaría remitir al lector a la magnífica y enciclopédica obra de Antonio Escohotado para aclarar este tema. En nuestro caso nos ocupamos las denominadas drogas inteligentes, traducción del término inglés smart drugs, comúnmente utilizado para designar este tipo de productos. Es también frecuente el uso de la palabra nootrópicos, que procede del griego noús (mente) y trópos (movimiento), dando a entender que se trata de sustancias cuyo objetivo es actuar sobre las capacidades cognitivas. Es cierto que se trata de una definición muy amplia, que podría aplicarse a la gran mayoría de drogas, así que nos parece más apropiado decir que se trata de sustancias que mejoran la inteligencia, el aprendizaje, la memorización y el recuerdo sin efectos importantes a nivel del sistema nervioso central y con un poder tóxico bajo. Para tranquilidad del lector, no estamos hablando de drogas con poder de adicción, sino que estamos utilizando el significado de este término tal como era antes de la grandiosa cruzada que los gobiernos de casi todos los países emprendieron hace tiempo contra esas sustancias que no les reportan beneficios económicos porque no se venden en farmacias. Mientras todos los bienpensantes se escandalizan al oír hablar de drogas, no veo que nadie se eche las manos a la cabeza cuando alguien acude a la farmacia con una receta de Valium, Nolotil, Prozac, Torecán o Clamoxyl, por nombrar algunos de los fármacos de venta legal más consumidos. Tengan en cuenta que la ingesta de unos 15 comprimidos de un fármaco tan popular y considerado inofensivo como es la Aspirina pondría en peligro la vida de cualquiera. Sin embargo, no veo a nadie escandalizarse por ver Aspirina en cualquier hogar o botiquín, ni que nadie llame drogadicto a quienes la consumen día tras día. Frente a ese potencial tóxico del más famoso analgésico, la mayoría de las drogas inteligentes no harían ningún daño importante en caso de ingestión masiva. Quiero dejar bien claro que mi intención no es convencer a nadie de nada, sino simplemente informar. Una vez el sujeto está informado, es libre de elegir como persona que es. La actitud contraria, la oficial y predominante, es criticar y censurar sin antes conocer y aceptar los estereotipos que nos inculcan los gobiernos y quienes están a su lado y de ellos maman. De ahí el motivo de estos artículos y del libro próximo a aparecer: algunos de los que utilizan el órgano con el que piensan, su cerebro, pueden estar interesados en conocer la manera de aumentar su rendimiento sin poner en peligro su cuerpo. El
hombre siempre ha buscado productos naturales a fin de solucionar problemas
de salud, pero también para recibir algún tipo de estímulo
que modifique su estado de ánimo, que le produzca sensaciones de
placer, relajación o euforia. En años recientes esta tendencia
parece tomar nuevo auge, a partir de las llamadas drogas inteligentes.
Comparadas con la mayoría de las medicinas, incluso las smart drugs
más fuertes carecen relativamente de efectos secundarios cuando
se toman en dosis normales.
Seguiremos
tratando el tema poco a poco en varias entregas y de manera detallada
en la edición del libro que hemos mencionado. Hoy nos limitaremos
a señalar las que John Morgentaler, uno de los gurús del
movimiento de las drogas inteligentes, y coautor de las publicaciones
Smart Drugs y Smart Drugs II, cita como mejores sustancias nootrópicas.
Personalmente haría algunos cambios en esta lista. El mayor problema
con que nos encontramos los abanderados de esta causa es que hay pocos
ensayos fiables, puesto que los laboratorios y marcas farmacéuticas
están más interesados en investigar y promover las sustancias
que recetan los médicos, es decir, las drogas oficiales. Además,
de estos productos no puede haber patente ya que se trata de sustancias
que existen en la naturaleza, así que no hay tanto interés
comercial por estudiar algo que no puede tener copyright como por moléculas
de síntesis con patente exclusiva que reporten pingües beneficios. Acetil-L-Carnitina Dhea Ginkgo
Biloba
Fosfatidilserina Pregnenolona
Deprenyl
Hydergina
(dihidroergotoxina)
Vinpocetina
Centrofenoxina Este artículo ha sido cedido por la Web http://www.drogasinteligentes.com , está escrito por el co-director de Hechiceros del Tablero.
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