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Este
comentario le debió hacer mucha gracia a Tarrasch, pues lo usó
como epígrafe de un artículo, en el que, haciendo gala de
un humor insospechado, el Preceptor Germaniae imagina cómo
será el ajedrez del futuro (allá por 1930) de seguir al
pie de la letra las teorías de Steinitz. Fue publicado por la Revue
d'Échecs en junio de 1901, y reproducido en 1915 por La
Stratégie por su "plena vigencia", lo cual quiere
decir que el cotarro con los hipermodernos ya estaba montado.
En otro orden de cosas, ¿no les suena de algo esta partida absurda
imaginada por Tarrasch? A mí no me extrañaría que
fuera el germen de la no menos absurda partida que Samuel Beckett compuso
e incluyó en su novela Murphy.
Traducimos íntegro el artículo del Dr. Tarrasch:
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Partida jugada en el torneo de X en 1930
Blancas: Sr. Cuatro Negras: Sr. Trece
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un tiempo a esta parte se ha extendido entre los maestros la moda de utilizar
seudónimos. En el último torneo de ajedrez de Z, había
al menos doce maestros con el seudónimo "Dubois", lo
que naturalmente condujo a equívocos lamentables. Para evitar que
se repitiera semejante confusión, en este torneo se decidió
identificar a los jugadores con un número de orden.
1.
Cf3
Esta jugada fue inventada por Zukertort, y hasta nuestros días
ha llevado su nombre.
Como Zukertort no logró encontrar la continuación correcta
(cosa que sí logra en esta partida el conductor de las blancas),
todo el mundo estará de acuerdo en llamar a esta apertura la de
Los Caballos de Cuatro.
1...Cf6
Sorprende constatar que a lo largo de todo el s.XIX a nadie se le ocurrió
esta jugada; hasta ahora se seguía con el irresponsable avance
del peón dama, dos pasos, sin sospechar el perjuicio que a uno
mismo le acarrea de cara al final. La jugada del texto es, naturalmente,
la única correcta.
2. Cc3
Admirable jugada, que hace honor al genio de Cuatro. Zukertort acostumbraba
a continuar aquí con 2.d4, lo que prueba que no había comprendido
absolutamente nada acerca de su propia invención. Nunca se insistirá
lo bastante sobre este punto: los peones no pueden ir para atrás,
y, lo que es más, en el momento en que se avanza uno, se convierte
en objetivo expuesto a los ataques del adversario. Por otra parte, ya
dejamos dicho cuán importante es, en el final, el poder avanzar
el peón uno o dos pasos, ad libitum.
2...Cc6
Trece se muestra a la altura de su adversario.
3. Cg1
Un plan de una finura increíble. El primer jugador amenaza continuar
con Cb1, con la considerable ventaja de que ninguna de sus piezas estará
expuesta (y por mucho tiempo) al ataque de un peón contrario.
3...Cg8
Trece se apercibe del peligro y sigue el ejemplo de su adversario.
4. Cb1 Cb8
Debe ser un placer para el amante del ajedrez contemplar las maniobras
de dos maestros de absoluta primera fila, a los que ninguna sutileza del
juego les es ajena. Las dos partes muestran gran cuidado en no crear ningún
punto débil. Antiguamente se consideraba necesario avanzar los
peones para permitir el desarrollo de piezas; pero desde finales del siglo
pasado se empezó a vislumbrar que ello no era absolutamente imprescindible,
que era hasta peligroso, sacar las piezas. Pues podían ser atacadas
por los peones, e incluso (por ejemplo, en un despiste) ¡podían
ser capturadas! La belleza y profundidad de la ciencia ajedrecística
no consiste en tal o cual combinación brillante y arriesgada, sino
en disponer las fuerzas, piezas y peones, en la posición más
ventajosa. Y es cosa evidente que no pueden estar mejor colocadas que...¡allí
donde el propio inventor del juego las colocó en su día!
5. Ch3
El primer jugador ensaya otra vía, en nuestra opinión incluso
mejor: el caballo estará menos expuesto en la banda que en el centro
del tablero. Este axioma es comúnmente aceptado desde fines del
siglo pasado.
5...Ch6
Como buen capitán, Trece cambia a su vez la disposición
de sus efectivos.
6. Ca3 Ca6
Los dos campos mantienen el equilibrio y se cuidan de no mostrar ningún
punto vulnerable. Por supuesto, una táctica tan prudente como profunda
-de extraordinario interés para el aficionado- no puede conducir
sino a un armisticio que cubrirá de gloria a ambos bandos por igual.
7. Cg1 Cg8
Estas jugadas deben su invención al más grande maestro -en
nuestra opinión- del s.XIX. Las puso en práctica en una
célebre partida por correspondencia. Nadie en su tiempo exploró
con tal profundidad la esencia del ajedrez. Su estilo de juego era, por
emplear una expresión de la época, "fin de siècle".
8. Cb1
Llegados a este punto, Trece propone el empate. La posición de
Cuatro es algo mejor, ha sacado una pieza menos; pero la ventaja no es
suficiente, ante tamaño rival, para transformarla en victoria.
La victoria es impensable para cualquiera de las dos partes, como no sea
por un azar imprevisto: por ejemplo, que un peón -sobre todo uno
de torre- se cayera del tablero, sin que el interesado se diese cuenta.
Es una posibilidad. Pero Cuatro aceptó las tablas.
Esta partida obtuvo el premio especial a la mejor del torneo. La decisión
encontró la aceptación unánime de los aficionados.
Cuando
comparamos esta manera sencilla, clara, profunda y no muy fatigosa de
jugar al ajedrez, con el dédalo insensato de combinaciones en las
que Morphy, en particular, gustaba de enredarse, uno se pregunta atónito:
¿era realmente ajedrez lo que jugaban en el s.XIX?
Caballeros
del Ajedrez
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