por Gabriel G. Santos

Steinitz-Chigorin (correspondencia)

Steinitz: "Llegamos a mi famoso salto de caballo de h3 a g1, que ha sido tan criticado. Mas esta jugada consagra la aplicación de uno de los más importantes principios de mi teoría ajedrecística. Noten que, por mi parte, tengo seis peones que aún no se han movido, lo cual, según mi teoría, es una gran ventaja, sobre todo de cara al final, donde es esencial poder elegir entre avanzar los peones un paso o dos; observen además que ninguna de mis piezas está expuesta (ni lo estará en mucho tiempo) al ataque de un peón adversario." (W. Steinitz, Internat. Chess Magazine. Octubre 1890)

Este comentario le debió hacer mucha gracia a Tarrasch, pues lo usó como epígrafe de un artículo, en el que, haciendo gala de un humor insospechado, el Preceptor Germaniae imagina cómo será el ajedrez del futuro (allá por 1930) de seguir al pie de la letra las teorías de Steinitz. Fue publicado por la Revue d'Échecs en junio de 1901, y reproducido en 1915 por La Stratégie por su "plena vigencia", lo cual quiere decir que el cotarro con los hipermodernos ya estaba montado.
En otro orden de cosas, ¿no les suena de algo esta partida absurda imaginada por Tarrasch? A mí no me extrañaría que fuera el germen de la no menos absurda partida que Samuel Beckett compuso e incluyó en su novela
Murphy.
Traducimos íntegro el artículo del Dr. Tarrasch:


Partida jugada en el torneo de X en 1930

Blancas: Sr. Cuatro Negras: Sr. Trece

De un tiempo a esta parte se ha extendido entre los maestros la moda de utilizar seudónimos. En el último torneo de ajedrez de Z, había al menos doce maestros con el seudónimo "Dubois", lo que naturalmente condujo a equívocos lamentables. Para evitar que se repitiera semejante confusión, en este torneo se decidió identificar a los jugadores con un número de orden.

1. Cf3
Esta jugada fue inventada por Zukertort, y hasta nuestros días ha llevado su nombre.
Como Zukertort no logró encontrar la continuación correcta (cosa que sí logra en esta partida el conductor de las blancas), todo el mundo estará de acuerdo en llamar a esta apertura la de Los Caballos de Cuatro.
1...Cf6
Sorprende constatar que a lo largo de todo el s.XIX a nadie se le ocurrió esta jugada; hasta ahora se seguía con el irresponsable avance del peón dama, dos pasos, sin sospechar el perjuicio que a uno mismo le acarrea de cara al final. La jugada del texto es, naturalmente, la única correcta.
2. Cc3

Admirable jugada, que hace honor al genio de Cuatro. Zukertort acostumbraba a continuar aquí con 2.d4, lo que prueba que no había comprendido absolutamente nada acerca de su propia invención. Nunca se insistirá lo bastante sobre este punto: los peones no pueden ir para atrás, y, lo que es más, en el momento en que se avanza uno, se convierte en objetivo expuesto a los ataques del adversario. Por otra parte, ya dejamos dicho cuán importante es, en el final, el poder avanzar el peón uno o dos pasos, ad libitum.
2...Cc6
Trece se muestra a la altura de su adversario.
3. Cg1
Un plan de una finura increíble. El primer jugador amenaza continuar con Cb1, con la considerable ventaja de que ninguna de sus piezas estará expuesta (y por mucho tiempo) al ataque de un peón contrario.
3...Cg8
Trece se apercibe del peligro y sigue el ejemplo de su adversario.
4. Cb1 Cb8
Debe ser un placer para el amante del ajedrez contemplar las maniobras de dos maestros de absoluta primera fila, a los que ninguna sutileza del juego les es ajena. Las dos partes muestran gran cuidado en no crear ningún punto débil. Antiguamente se consideraba necesario avanzar los peones para permitir el desarrollo de piezas; pero desde finales del siglo pasado se empezó a vislumbrar que ello no era absolutamente imprescindible, que era hasta peligroso, sacar las piezas. Pues podían ser atacadas por los peones, e incluso (por ejemplo, en un despiste) ¡podían ser capturadas! La belleza y profundidad de la ciencia ajedrecística no consiste en tal o cual combinación brillante y arriesgada, sino en disponer las fuerzas, piezas y peones, en la posición más ventajosa. Y es cosa evidente que no pueden estar mejor colocadas que...¡allí donde el propio inventor del juego las colocó en su día!
5. Ch3
El primer jugador ensaya otra vía, en nuestra opinión incluso mejor: el caballo estará menos expuesto en la banda que en el centro del tablero. Este axioma es comúnmente aceptado desde fines del siglo pasado.
5...Ch6
Como buen capitán, Trece cambia a su vez la disposición de sus efectivos.
6. Ca3 Ca6
Los dos campos mantienen el equilibrio y se cuidan de no mostrar ningún punto vulnerable. Por supuesto, una táctica tan prudente como profunda -de extraordinario interés para el aficionado- no puede conducir sino a un armisticio que cubrirá de gloria a ambos bandos por igual.
7. Cg1 Cg8
Estas jugadas deben su invención al más grande maestro -en nuestra opinión- del s.XIX. Las puso en práctica en una célebre partida por correspondencia. Nadie en su tiempo exploró con tal profundidad la esencia del ajedrez. Su estilo de juego era, por emplear una expresión de la época, "fin de siècle".
8. Cb1
Llegados a este punto, Trece propone el empate. La posición de Cuatro es algo mejor, ha sacado una pieza menos; pero la ventaja no es suficiente, ante tamaño rival, para transformarla en victoria. La victoria es impensable para cualquiera de las dos partes, como no sea por un azar imprevisto: por ejemplo, que un peón -sobre todo uno de torre- se cayera del tablero, sin que el interesado se diese cuenta. Es una posibilidad. Pero Cuatro aceptó las tablas.
Esta partida obtuvo el premio especial a la mejor del torneo. La decisión encontró la aceptación unánime de los aficionados.

Cuando comparamos esta manera sencilla, clara, profunda y no muy fatigosa de jugar al ajedrez, con el dédalo insensato de combinaciones en las que Morphy, en particular, gustaba de enredarse, uno se pregunta atónito: ¿era realmente ajedrez lo que jugaban en el s.XIX?


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